jueves, 30 de mayo de 2013



Cuando me arrimo a tu prosperidad pienso en lo tocante a mi propia indecencia; en el irremediable deseo de proclamarme barranco, asidero de rapiña, avergonzada pienso en Nuestra prosperidad, como futuro versado, imagino la vida atascada, interrogando sin estragos el mismo cansancio. Un amor iracundo, rabioso que busca insolente refugiarse en la más endeble, o en la que ama más. Te veo con otro, me veo con otra. Te siento llorando, me veo desierta. Con la mueca recta despiadada, que anticipa una parte de mí aún más impía: me desmorono e inauguro la agonía de vivir con el perfume del desahucio.
Ahora te deshonro porque no te quiero; ahora te desecho porque siempre fuiste desechable. Ahora prefiero no mirarte, porque mis ojos ya no son los mismos. Ahora no sé si te desconozco o te empiezo a reconocer. Podemos jugar otro tanto. Puede seguir su curso este despecho. Después de habernos impregnado de anhelos, tú seguirás buscando, por mi parte dejaré hasta acá el infortunio de evocar este festejo.

lunes, 1 de octubre de 2012

Mi carta

No me gusta que hubieras dejado abierto el fb
menos que la gente deje mensajes

no  creo que alguna vez se borre de mí tu recuerdo.

sábado, 4 de febrero de 2012

Los gallos tienen agallas

Que sin ella su cuerpo de ninguna manera era

la otra copa del brindis

Mario Benedetti

Nadie me quita la satisfacción de haber devuelto la copa.

Cuando llegué miré pa todos lados por si acaso lo encontraba

sabes bien que la primera vista me incomoda tanto

como sudar los asientos de las micros.

Esta vez quiero brindar por las agallas

y agradezco tu compañía para chocar las copas

brindo por las agallas,

porque éramos menos

y porque se sabía que íbamos a perder.

Viniendo de la selva

no sé por qué nos faltó el salvajismo

de ellos

de ellos que eran más.

Nos faltó calle nos faltó gente nos faltó lo espejo, nos faltó la legua

nos faltaron vidrios mesas sillas piedras.

nos faltó La Sabana, el Rey León.

Quiero brindar contigo

quiero brindar por la defensa a esa copa derrochada.

esa copa que se devolvió

porque ya dije que a mis amigos

nadie les tira copete sin que se devuelva.

La otra copa del brindis está contigo

ahí donde usamos vasos de aluminio y le ponemos chela.

En ese amor que es el nuestro

y está cada vez mas lejos de la carroña de ellos

ahí donde no entran las copas

y no por el trotskysmo

ni por la ultra

ahí donde estamos nosotras

las copas se quiebran porque no resisten el medio

Las agallas no sólo fueron nuestras

eso también lo agradecemos

porque soy pésima en la defensa

excepto a ti que ya dije

No te daré las gracias.

martes, 13 de diciembre de 2011

oda a mi fotolog (el de antaño)

Me gusta ese vaso porque se siente tan frágil al tacto que si lo oprimo con fuerza, amenaza con quebrarse.

martes, 13 de septiembre de 2011

Sentí como latía tu corazón mientras hablabas frente a ellos. Acudí a la novedad de ese alegato.

viernes, 26 de agosto de 2011

Madriguera

Absueltos del error de haberse encontrado, se idealizan con la turba de hallar un paraíso entre la vergüenza y la resignación. Ella tolera cualquier cosa, menos ver a dos maricones tirando. Con mayor razón si están los niños presentes. Se conforma con chupárselo a su marido, que no le gusta la vagina de su esposa, ni sus tetas ni su gordura de población. Al hombre le excita más cuando ella lo deja metérselo por detrás, y a la doña le gusta lo grosero y clandestino de ser culiada, pero de eso no se habla porque a él le basta con los besitos en la espalda y aunque de verdad es macho, y en su vida es lo último que probaría, igual quisiera que le diesen esos besitos a él.

Cuando la penetra, imagina el acto a la inversa y puta que se calienta. Su esposa no es weona, también lo ha pensado, se la ha pasado más de alguna vez por la mente, si es de puros cartuchos que no se han atrevido a experimentar esas cochinás. Al final en la calentura todos terminamos cediendo, y sedientos de agua y de otra vez que estuvo más rico que la mierda, pero cuando terminan el goce y ya no se encuentran, agitados disuelven el recuerdo con otra cachita express pero normal. Saben que se repetirá, y ya dije que eso no se comenta ni en la cama, siempre serán orgasmos silenciosos, cada uno en su volá recorriéndose, inescrupulosos. Porque en ese momento al viejo no le importa la grasa excesiva de su vieja, y a ella le da lo mismo pasarse sin la ternura empalagosa, sin la pureza de un te quiero desvergonzado. Por un momento ella se siente amada, como si el ano fuera sinónimo de complicidad, de un secreto a voces que hace merecer la noche en vela, que nada tiene que ver con una velada. Pero la cama todos los días está bien hechita para desarmarla. Desarmar a su vieja. Aquí no hay cobardía, sino una verdad a secas que no se traslada, simplemente se aloja en la cama de dos viejos.

Acá hay un horizonte perdido a medias; la cama y la vieja están desarmadas hace mucho, y el viejo por su parte, también está deshecho, a su modo, claro. Entonces, cuando el esposo regresa de la pega; dilapidan el orgasmo (lo que queda) y surgen; majestuosos, solemnes. Comprueban que la intimidad se desvive con pulcritud repugnante. Gentileza déspota (él). Monumento grosero (ella). No lo saben, pero la distancia que suponen es pura cobardía. Él con ese aire tosco, la somete a ella con ese toque arisco. Se abrevian (ellos) e ignoran que son uno; no obstante, lo notan mejor estando en la calle, cuando ven a los perros haciendo lo mismo que ellos hacen con la luz apagada, pero a vista y paciencia de los transeúntes. Y de nuevo los maricones restregando a todo volumen la perversión de montarse igual que perros callejeros; les queda bien ese apodo porque se les cae la humanidad junto con las heces.

Un día que estaban solos, el marido quería encontrar una instancia de paridad, recuperar el romanticismo de antaño, así que le dijo, “vieja, hoy bebamos hasta tratarnos de tú.” Y ella, que siempre quiso sentirse igual a él, no dudó en confirmar con una mirada cómplice la propuesta. Así que fueron juntos al mini bar y él sacó su mejor whisky, Doña sacó los vasos, hielo y se sentaron. Primer vaso, “está bien rico”. Segundo vaso un besito, “¿nos hacemos otro?” séptimo vaso “Respira, viejo respira”, pero superado por los orgasmos y como ya no podía más, tomó la botella vacía y se la metió. Ella chillaba como nunca antes había gritado de tanto placer. A veces la gente se aburre de esperar la consonancia ; ¿A quién no le gusta que lo amarren, que le den con un poquito de violencia, poca ropa por delante por atrás, onda sado.?

La diferencia con los gays es que son asquerosos, llevan un letrero tácito de que les gusta darse por el culo. Por eso el viejo se tragó el ano junto con el coraje, y luego, pendiendo de un hilo, se desplaza a lo largo y ancho (sobre todo ancho) de su cuerpo, porque en esta etapa sí que valía la belleza interior, más aún con lo que estaba al interior de ese orificio , incluso los problemas se olvidan en esta parte que no acaba de comenzar, porque llevan follando así hace rato, pero se esmeran en fingir que es la primera vez, pues con eso pierden el temor a que la sodomía se convierta en un vicio, en una enfermedad que los convierta en culpables y si alguien se entera , Dios si alguien se entera no hay cabida para la piedad. Pero de repente hubo un click que le provocó dolor a ella y los chillidos cambiaron de color; su viejo, que se había tomado varios vasos, no distinguió la diferencia, entonces seguía pero le costaba, así que decidió sacar la botella de su ano, pero salió de ella la mitad. Sólo los gritos continuaban cada vez con más intensidad y la sangre que no se detenía con nada. Luego sus manos bien adentro, apurado con la urgencia de detener el derrame de sangre y el miedo inminente de perder a su mujer, intentaba desesperadamente quitarle los vidrios. “Llama a una ambulancia”, balbuceaba ella. “¿Estás loca?” Pero la hemorragia continuaba. Los gritos subían cada vez más de tono.

Él nunca quiso matarla, fue sólo un accidente causado por la pasión desmedida, pero la noche se había ido y el sol lo acusaba junto con los malditos pájaros que cantaban cada vez más fuerte; parecía que los tuviera en el oído. No podía vivir con la vergüenza de reconocer ese crimen, por eso luego de haber constatado la muerte de su esposa, la volcó para tenerla de espalda, la penetró por la vagina, y sin tener un solo orgasmo, sintió su pene cobijado en una madriguera, con el calor que brinda un refugio en situaciones adversas. Quería permanecer en esa guarida eternamente, entre el llanto y el alivio de encontrarse dentro de ella, agradeció ese inusual final, le pidió perdón, y se disparó.

domingo, 24 de julio de 2011

Así como estaba anoche lo voy a recordar, cuando un día cualquiera conteste el teléfono y mi mamá llorando, me avise que está muerto.