Madriguera
Absueltos del error de haberse encontrado, se idealizan con la turba de hallar un paraíso entre la vergüenza y la resignación. Ella tolera cualquier cosa, menos ver a dos maricones tirando. Con mayor razón si están los niños presentes. Se conforma con chupárselo a su marido, que no le gusta la vagina de su esposa, ni sus tetas ni su gordura de población. Al hombre le excita más cuando ella lo deja metérselo por detrás, y a la doña le gusta lo grosero y clandestino de ser culiada, pero de eso no se habla porque a él le basta con los besitos en la espalda y aunque de verdad es macho, y en su vida es lo último que probaría, igual quisiera que le diesen esos besitos a él.
Cuando la penetra, imagina el acto a la inversa y puta que se calienta. Su esposa no es weona, también lo ha pensado, se la ha pasado más de alguna vez por la mente, si es de puros cartuchos que no se han atrevido a experimentar esas cochinás. Al final en la calentura todos terminamos cediendo, y sedientos de agua y de otra vez que estuvo más rico que la mierda, pero cuando terminan el goce y ya no se encuentran, agitados disuelven el recuerdo con otra cachita express pero normal. Saben que se repetirá, y ya dije que eso no se comenta ni en la cama, siempre serán orgasmos silenciosos, cada uno en su volá recorriéndose, inescrupulosos. Porque en ese momento al viejo no le importa la grasa excesiva de su vieja, y a ella le da lo mismo pasarse sin la ternura empalagosa, sin la pureza de un te quiero desvergonzado. Por un momento ella se siente amada, como si el ano fuera sinónimo de complicidad, de un secreto a voces que hace merecer la noche en vela, que nada tiene que ver con una velada. Pero la cama todos los días está bien hechita para desarmarla. Desarmar a su vieja. Aquí no hay cobardía, sino una verdad a secas que no se traslada, simplemente se aloja en la cama de dos viejos.
Acá hay un horizonte perdido a medias; la cama y la vieja están desarmadas hace mucho, y el viejo por su parte, también está deshecho, a su modo, claro. Entonces, cuando el esposo regresa de la pega; dilapidan el orgasmo (lo que queda) y surgen; majestuosos, solemnes. Comprueban que la intimidad se desvive con pulcritud repugnante. Gentileza déspota (él). Monumento grosero (ella). No lo saben, pero la distancia que suponen es pura cobardía. Él con ese aire tosco, la somete a ella con ese toque arisco. Se abrevian (ellos) e ignoran que son uno; no obstante, lo notan mejor estando en la calle, cuando ven a los perros haciendo lo mismo que ellos hacen con la luz apagada, pero a vista y paciencia de los transeúntes. Y de nuevo los maricones restregando a todo volumen la perversión de montarse igual que perros callejeros; les queda bien ese apodo porque se les cae la humanidad junto con las heces.
Un día que estaban solos, el marido quería encontrar una instancia de paridad, recuperar el romanticismo de antaño, así que le dijo, “vieja, hoy bebamos hasta tratarnos de tú.” Y ella, que siempre quiso sentirse igual a él, no dudó en confirmar con una mirada cómplice la propuesta. Así que fueron juntos al mini bar y él sacó su mejor whisky, Doña sacó los vasos, hielo y se sentaron. Primer vaso, “está bien rico”. Segundo vaso un besito, “¿nos hacemos otro?” séptimo vaso “Respira, viejo respira”, pero superado por los orgasmos y como ya no podía más, tomó la botella vacía y se la metió. Ella chillaba como nunca antes había gritado de tanto placer. A veces la gente se aburre de esperar la consonancia ; ¿A quién no le gusta que lo amarren, que le den con un poquito de violencia, poca ropa por delante por atrás, onda sado.?
La diferencia con los gays es que son asquerosos, llevan un letrero tácito de que les gusta darse por el culo. Por eso el viejo se tragó el ano junto con el coraje, y luego, pendiendo de un hilo, se desplaza a lo largo y ancho (sobre todo ancho) de su cuerpo, porque en esta etapa sí que valía la belleza interior, más aún con lo que estaba al interior de ese orificio , incluso los problemas se olvidan en esta parte que no acaba de comenzar, porque llevan follando así hace rato, pero se esmeran en fingir que es la primera vez, pues con eso pierden el temor a que la sodomía se convierta en un vicio, en una enfermedad que los convierta en culpables y si alguien se entera , Dios si alguien se entera no hay cabida para la piedad. Pero de repente hubo un click que le provocó dolor a ella y los chillidos cambiaron de color; su viejo, que se había tomado varios vasos, no distinguió la diferencia, entonces seguía pero le costaba, así que decidió sacar la botella de su ano, pero salió de ella la mitad. Sólo los gritos continuaban cada vez con más intensidad y la sangre que no se detenía con nada. Luego sus manos bien adentro, apurado con la urgencia de detener el derrame de sangre y el miedo inminente de perder a su mujer, intentaba desesperadamente quitarle los vidrios. “Llama a una ambulancia”, balbuceaba ella. “¿Estás loca?” Pero la hemorragia continuaba. Los gritos subían cada vez más de tono.
Él nunca quiso matarla, fue sólo un accidente causado por la pasión desmedida, pero la noche se había ido y el sol lo acusaba junto con los malditos pájaros que cantaban cada vez más fuerte; parecía que los tuviera en el oído. No podía vivir con la vergüenza de reconocer ese crimen, por eso luego de haber constatado la muerte de su esposa, la volcó para tenerla de espalda, la penetró por la vagina, y sin tener un solo orgasmo, sintió su pene cobijado en una madriguera, con el calor que brinda un refugio en situaciones adversas. Quería permanecer en esa guarida eternamente, entre el llanto y el alivio de encontrarse dentro de ella, agradeció ese inusual final, le pidió perdón, y se disparó.
sigue escribiendo amoree xD
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